El equipo de CasaSecas

El equipo de CasaSecas ¿Por qué CasaSecas? Notas de Interés

Reflexiones

Las certezas de la política y de la religión son cómodas, pero los bichitos humanos estamos condenados a la incertidumbre.
Eduardo Galeano

Quizás la incomodidad que nos producen las verdades establecidas nos impulsó, desde hace ya algunos años, a buscar alternativas al discurso oficial de nuestro sistema constructivo tradicional, entendiendo por este el que nos dejaron en esta zona España e Italia: construcción mediterránea, colonial, con muros de mampostería, techos de tejas o chapas, así tipificado por la Subsecretaria de Vivienda de la Nación. ¿Cuál es el Certificado de Aptitud Técnica de este sistema?

Nos enteramos con agrado del llamado a Concurso Nacional que promoviera durante el año 2002 el INCOSE (Instituto de la Construcción en Seco) para posibilitar otro tipo de propuestas para las viviendas de escasos recursos. Aquellas que no sólo tuvieran como premisa la de Carrefour: la de «el precio más bajo».

Y recordamos lo que señalara el Ing. Sgrelli:

La vivienda de interés social debiera incluir el necesario mantenimiento que seguramente no podrán enfrentar sus moradores y que les asegure condiciones de calidad de vida definidas en acuerdo al compromiso que la sociedad tiene con los imposibilitados de acceder a una vivienda, para que la misma alcance niveles de dignidad declamados pero no especificados técnicamente cuando se encara un plan de viviendas.

Retomando a Galeano, aquí solo algunas de nuestras incertidumbres:

Nuestro país tiene una historia en la industrialización de la construcción y en el uso de sistemas constructivos de más de 30 años, donde hubo errores pero también logros con poca «prensa».

El término prefabricación está asociado a adjetivos generalmente descalificadores, como «mala calidad» y «precariedad», probablemente porque un importante sector del mercado basó su marketing en el bajo costo de sus productos (habitualmente viviendas con estructura de madera que no cumplen los mínimos controles ni normas de habitabilidad, que ni siquiera son hipotecables) como «viviendas prefabricadas». Por otra parte se resaltan patologías en aquellos sistemas industrializados que sí las tienen, pero ¿ponemos el mismo énfasis en las patologías del sistema tradicional, que también las tiene?
Conceptos como por ejemplo: control de calidad, mantenimiento, plazo cierto de ejecución, exactitud de presupuesto, son exigidos criteriosamente a los sistemas

industrializados, pero ¿también se los requerimos con similar rigor al sistema tradicional? ¿O nos aferramos al dicho popular que dice «más vale malo conocido que bueno por conocer»?

Si pretendemos bajar los costos y afectamos la durabilidad de la vivienda, probablemente esta no alcanzará la vida útil proyectada y seguramente antes de tiempo habrá que reconstruirla. Para nuestro país ¿es esto más barato? Los mismos usuarios ¿no pagarán dos veces la misma obra? ¿Cuánto cuesta la no calidad?

El concepto de habitabilidad no se relaciona solamente con el cumplimiento de ciertos indicadores; se relaciona directamente con la salud de los habitantes de la vivienda.
¿Qué falló cuando falló la capa aisladora? ¿Qué pasa cuando no resolvemos los puentes térmicos? ¿Conocemos las enfermedades broncopulmonares que origina un ambiente viciado por hongos y bacterias provocados por nuestros «típicos problemas de humedad»? ¿Imaginamos la vida de un chico asmático respirando en esas condiciones?
¿Cuánto cuesta la salud? ¿Está contemplada en el precio de venta?

Ahora que está de moda el efecto «K», ¿por qué no comenzamos a poner de moda el otro «K», el coeficiente de trasmitancia térmica y su efectivo cumplimiento?
Sin irnos ni a Canadá, ni a Estados Unidos ni a Australia, sino mucho más cerca: ¿por qué en Chile el aislamiento térmico mínimo de las cubiertas supera tres veces el espesor convencional que utilizamos en la Provincia de Buenos Aires?
¿Sabemos que el costo de aislar adecuadamente una vivienda no supera el 7% de su precio final? ¿Evaluamos el ahorro de energía que esto produce a lo largo de la vida útil de esa edificación? ¿Consideramos el beneficio ecológico? ¿Y el económico? Algunos señalan que con ese ahorro podríamos comprar un auto cero kilómetro. ¿Y si hacemos cuentas?

¿Es racional que en la era del satélite, los microchips, celulares y laptops, sigamos construyendo como hace siglos, en realidad peor?

Se industrializa cuando se necesita hacerlo. La industrialización no es un fin: si no existe real necesidad de ella no aparecerá, o lo hará en grados según se necesite. La teoría sin duda nos lleva a industrializar; la realidad marcará los tiempos y las formas.
Ings. Mac Donnel

A nuestro criterio, estas y muchas otras son preguntas que al menos deberíamos plantearnos, pero tengamos en cuenta que la responsabilidad primaria es nuestra: profesionales de la construcción.

Volver arriba
Estructura de vigas de acero galvanizado. Foto © CasaSecas, Estudio de Arquitectura Lápices sobre un libro. Foto © Piotr Lewandowski, Freeimages.com Planos de una vivienda. Foto © Jana Kollarova, Rgbstock.com Libros sobre el Sistema Steel Framing. Autores: Arqs. Esteban Jáuregui y Claudio Negri